El cuchillo sumergido

– Ignacio Mardones

 

pasaremos por el jardín de la embajada
cuando el panal del techo cuelgue reseco
o deshabitado
y los insectos formen cruces estáticas en los salones

la cocina doble
un patio interior y flores tan rojas como generosas
regalan su polen de agua y gas
a nosotros y a los símbolos revueltos–
nadie puede decir que no intentamos conocer
esa soberanía
–su dormitorio de persianas rajadas, cuadros enormes
con protuberancias de óleo

está vacío ahora, completamente solo
por lo que alcanzamos a ver en el centro
no hay más que un puñado de monedas de cinco pesos
brillando con el sol
nítidas

si tú y yo fuéramos las caras en ellas
mirando las cosas alrededor
presumiríamos por las tardes nuestros ojos metálicos

y qué hemos conseguido aquí:
ver con pupilas de agua y gas
abejas que huyen, un suelo pegajoso como alfombra de rocío
piedras ahuecadas por lo violento
pero hay más, hay tanto que podría pasar
muchísimo tiempo antes de irnos
—esta es la potencia gratuita que nos da la adoración
no puedo imaginar un espacio distinto en el que lo hubiéramos
entregado todo